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Acoso psicológico en el trabajo
Dpto. de Prevención de CEN
En las relaciones laborales es frecuente que ocurran desavenencias o desacuerdos entre los trabajadores; forma parte de las relaciones humanas y, por lo tanto, el conflicto es inevitable bien por la propia organización del trabajo, por las relaciones interpersonales y bien por las características individuales de las personas.

 
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Trabajadores especialmente sensibles: discapacitados
 
A la hora de realizar las evaluaciones de riesgos generales hay que tener en cuenta las características individuales de cada uno de los trabajadores. Es importante no dar por sentado que todos los trabajadores son iguales, ni formular hipótesis sobre los riesgos para la salud y la seguridad asociados a una discapacidad determinada.

A diferencia del concepto de incapaz e incapacitado, no existe en la legislación española una noción perfectamente definida de lo que debe entenderse por discapacitado.

El propio término de discapacitado es de reciente acuñación. Hasta hace un par de décadas se hablaba de “minusválido”, término que ha ido cediendo terreno en favor del de “discapacitado”. Con este cambio terminológico y sobre todo con la mayor atención que se presta a este colectivo gracias a las acciones que se han ido emprendiendo en este campo, se aprecia una mayor sensibilización y concienciación de la sociedad con respecto a los problemas y dificultades que son propios y específicos de quienes padecen una discapacidad.

A la hora de realizar las evaluaciones de riesgos generales hay que tener en cuenta las características individuales de cada uno de los trabajadores. Es importante no dar por sentado que todos los trabajadores son iguales, ni formular hipótesis sobre los riesgos para la salud y la seguridad asociados a una discapacidad determinada.

Riesgos asociados

• Trabajadores con discapacidades físicas:

- Personas que utilizan silla de ruedas:

• Caídas de la silla, ya sea al mismo o a distinto nivel.

• Golpes y arañazos contra objetos inmóviles debido a la escasez de espacio y también los sobreesfuerzos al tener que salvar barreras arquitectónicas.

• De producirse contactos con piezas o elementos de temperatura elevada y no detectarlo la persona, por carecer de sensibilidad en las extremidades inferiores, existen riesgos de quemaduras por contactos térmicos.

• Limitaciones de sus posibilidades de alcance manual y visual, como consecuencia de su posición sedente, pueden constituir factores de riesgo añadido.

• Presentan un riesgo especial las situaciones de emergencia y evacuación de los lugares de trabajo ante la imposibilidad de la persona de poder bajar escaleras por sus propios medios y necesitándose en estos casos la ayuda de otras personas.

- Personas que tienen dificultades para caminar (suelen necesitar muletas o bastones):

• Corren el riesgo de sufrir caídas al presentar un equilibrio más inestable sobre todo ante la presencia de obstáculos.

• Los usuarios de muletas necesitan una gran anchura de paso libre, lo que supone un mayor riesgo de golpes y choques contra objetos inmóviles.

• El uso de las muletas o bastones también incrementa el riesgo de sobreesfuerzos.

• Las situaciones de emergencia y evacuación son críticas ante el hecho de que se mueven con lentitud, la gran necesidad de espacio libre que requiere el uso de muletas, la inestabilidad de la persona incrementado por el riesgo de subir o bajar escaleras. Normalmente y según los casos necesitarán ayuda en la evacuación, sobre todo en las escaleras.

- Personas con discapacidad de agarre o manipulación (amputados de miembros superiores, enfermedades musculares, etc.):

• Presentan el agravamiento de los daños de caída ya que de producirse ésta, tienen dificultad o carecen de la posibilidad para agarrarse, apoyarse o protegerse con los brazos y las manos.

• Caída de objetos en manipulación por no ser óptimas las condiciones físicas de agarre.

• Trabajadores con discapacidades sensoriales:

- Ceguera y la deficiencia visual (con restos de visión):

• Caídas al mismo y a distinto nivel al carecer de información visual.

• Choques contra objetos inmóviles, así como atropellos o golpes con vehículos.

• También es necesario tenerles en cuenta en situaciones de emergencia ya que necesitarán ayuda para su evacuación.

- Sordera e hipoacusia (con restos de audición):

• Muchas personas sordas conocen el lenguaje de los signos y/o son capaces de leer los labios. Estas capacidades obligan siempre a ir mirando fijamente a su interlocutor, lo que incrementa el riesgo de choques y golpes contra objetos inmóviles y móviles.

• Mayor riesgo de atropellos o golpes con vehículos al no poder percibir las señales acústicas o ruidos.

• En situaciones de emergencia es necesaria una potenciación de los avisos visuales.

• Personas con discapacidad psíquica: las discapacidades psíquicas pueden afectar a la inteligencia, memoria, pensamiento, así como a otras asociadas en ocasiones a parálisis o dificultad para coordinar y controlar los movimientos, o a la vista y el oído y a alguna forma de deficiencia psicológica o mental (alteraciones de conducta y trastornos emocionales).Por este motivo, hay que tener en cuenta que estas discapacidades pueden propiciar dificultades de orientación en el espacio, o para recibir el mensaje visual que puedan dar las señales, e incluso para favorecer dificultades de movimiento. Por otra parte, debido a la complejidad de estímulos que supone el tráfico, se incrementa en estos trabajadores el riesgo de atropellos o golpes con vehículos. Además las emergencias constituyen situaciones de especial riesgo.

Medidas preventivas

La idea principal que debe primar a la hora de lograr la adaptación laboral del discapacitado, debe tener en cuenta que el objetivo es proteger al sujeto contra los riesgos a los que pueda verse expuesto por su condición física, psíquica o sensorial, de tal forma que las alternativas posibles han de conjugar que no se generen otros riesgos como consecuencia de las medidas a adoptar, y tampoco que pudieran producir ese efecto negativo generador de peligros para los restantes trabajadores u otras personas que pudieran encontrarse en el centro de trabajo.

• Entorno laboral: es prioritario plantearse un entorno laboral sin problemas de acceso y ubicación de trabajadores discapacitados ya que, serviría de poco proyectar medidas preventivas en el puesto de trabajo si el trabajador se ve imposibilitado para llegar al mismo o desenvolverse en el centro de trabajo. La supresión de barreras y obstáculos es la medida de adaptación más básica y efectiva aunque han de valorarse adecuadamente las soluciones que se adopten, teniendo siempre presente que aquello que pueda beneficiar a unos podría tener una incidencia negativa en otros colectivos.

• Ayudas técnicas: se consideran ayudas técnicas aquellos instrumentos, dispositivos o herramientas que permiten, a las personas que presentan una discapacidad temporal o permanente, realizar actividades que, sin dicha ayuda, no podrían ser realizadas o requerirían de un mayor esfuerzo para su realización. Estas ayudas se agrupan en cinco tipos principales, atendiendo a las ayudas para el apoyo, la locomoción, la manipulación, la comunicación y la seguridad.

• Organización del trabajo: prestar atención a la naturaleza del trabajo puede permitirnos valorar la adecuación de cada trabajador a la tarea concreta que se le asigne. A veces una mera reorganización del trabajo puede suponer que los riesgos queden minimizados.

• Ajuste/adaptación del puesto de trabajo: en el momento en que las medidas anteriores no son suficientes para atender al máximo grado de protección del discapacitado, habría que complementarlas evaluando los cambios posibles en la manera de realizar la tarea para contrarrestar el efecto negativo que supongan para el que tenga reconocida una determinada limitación orgánica. Para posibilitar la evaluación han de tenerse en cuenta las deficiencias presentes en el sujeto, siendo por tanto necesarias las divisiones que podemos hacer al respecto, atendiendo a las deficiencias físicas, psíquicas o sensoriales.

- Deficiencias físicas: la atención de las deficiencias motoras exige acudir al examen de la funcionalidad y de esfuerzo de la persona, sin obviar el conocimiento del espacio de movilidad. En particular, para contrarrestar el efecto negativo y el debido ajuste laboral, habría que tomar en consideración ciertos aspectos a tener en cuenta en el ámbito laboral:

• Eliminar las largas distancias y ubicar adecuadamente el puesto de trabajo.

• Evitar suelos y pavimentos deslizantes y desniveles que sean insalvables para ellos.

• Las escaleras deben ir provistas de pasamanos resistentes y fáciles de manejar.

• Las puertas y otras vías de paso deben tener anchura y espacio suficientes para maniobrar con ayudas técnicas.

• El espacio de trabajo inmediato y aseos, ascensores, comedores y otras áreas comunes deben tener suficiente holgura.

• La manipulación de objetos y la utilización de mecanismos de control en equipos de trabajo, deben realizarse adoptando medidas para facilitar el alcance de los objetos de uso frecuente.

• Han de tenerse en cuenta casos particulares de personas con reumatismo, artritis y otras afecciones de las articulaciones corporales, a la hora de valorar las condiciones ambientales, eliminando o modificando las que produzcan efectos desfavorables (condiciones de humedad y frío, corrientes de aire, vibraciones en el entorno laboral, etc.).

- Discapacidad sensorial: la vista, el oído, el habla, la capacidad para leer, escribir y otras similares, son elementos que propician también parámetros singulares a valorar:

• Visual: las intervenciones que se pueden proyectar deben ir dirigidas, fundamentalmente, a facilitar la comunicación, la manipulación o medición, y la movilidad.

• Auditiva: amplificación de las señales audibles, para los casos de deficiencia auditiva parcial, si bien debe contrarrestarse el efecto negativo hacia otros trabajadores o reforzar las señales que genéricamente se conciban como audibles por las de tipo visuales y/o táctiles.

• Lenguaje: las medidas preventivas han de tener en cuenta la posibilidad de comunicación, facilitando que los deficientes de la lengua puedan ocupar puestos donde no resulte tan preciso y necesario el habla y con la utilización de medios complementarios para facilitar la comunicación.

- Deficiencias psíquicas: las medidas a tener en cuenta en la evaluación deben ir dirigidas a propiciar aspectos como los siguientes:

• Tipo de trabajo encomendado, detectando si el grado de discapacidad aconseja que no realicen trabajos que supongan iniciativa personal, resolución de problemas, o capacidad para reaccionar rápidamente, sin olvidar el aspecto de la independencia que pueda tener el puesto de trabajo.

• Entorno laboral: las medidas apropiadas para facilitar el uso de su entorno de trabajo, el uso de direcciones claras y de un solo paso para realizar las tareas, la ubicación del puesto en áreas donde se limiten las posibilidades de distracción (sin que suponga aislamiento), y el tipo de suelos uniformes y sin obstáculos que generen tropiezos.

Fuentes

- Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales, www.funprl.es.

- Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, www.insht.es.

Beatriz Remón
Dpto. de Prevención de Riesgos Laborales de CEN

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