"Un directivo aprende tomando decisiones y analizando las consecuencias de estas". Sin embargo, un "gran problema" es cuando este cree que no necesita aprender. Por eso, necesita de la inteligencia emocional, por ejemplo, para saber escuchar a su equipo. No solo para conseguir el compromiso de estos, sino para tener información certera. De esta forma, se demuestra, además, que para el líder "ser ético equivale a ser también competente".
Xavier Bringué, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra
La Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) celebró, el pasado miércoles, una nueva sesión de su ciclo de "Habilidades directivas y profesionales", en la que el profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, Xavier Bringué, habló de "organizaciones que motivan". Bringué aportó distintas claves para el trabajo en equipo y de liderazgo.
Organizaciones que motivan Para trabajar en equipo hay que preguntarse qué quiere hacer cada uno, qué sabe hacer y qué puede hacer Xavier Bringué
Para entender estos conceptos, habría que remontarse a los orígenes de la humanidad, cuando los humanos entendieron que podían vivir mejor si se unían para obtener recursos. Sin embargo, “no bastaba con que todos los miembros del grupo se lanzaran a cazar el mamut”, así que se dieron cuenta de que tenía que haber una persona que se encargara de la organización del equipo. De esta forma gráfica, es como Bringué explicó los orígenes de la figura del líder, que es “aquel que consigue el compromiso de los miembros del equipo para conseguir una meta”.
Sin embargo, Bringué señaló que “todo compromiso se paga con la propia libertad”. Así, en las relaciones laborales, el trabajador comprometido con la meta “invierte” su libertad (por ejemplo, tener que cumplir un horario en detrimento del tiempo de ocio), “aunque eso no lo hace menos libre”. Es más, tal y como explicó el profesor, “se paga en libertad porque se espera un retorno de algo mejor”. Además, ese pago en libertad, y el consecuente compromiso del equipo, “genera una hipoteca”, advirtió Bringué: “al líder se le exige coherencia. Y eso se demuestra con los hechos”. Es decir, debe ser coherente con lo que dice y con lo que pide al resto del equipo para la consecución de la meta.
El equilibrio entre razón, voluntad y afectividad: la madurez
Pero, ¿cómo se consigue ese liderazgo? Con madurez, apuntó Bringué. El docente explicó la madurez como aquello que hace al hombre más humano (no meramente instintivo), atendiendo a la razón y a la voluntad. De hecho, el experto definió la madurez entre “el equilibrio de la razón, la voluntad y también a la afectividad”. Es decir, se deben atender las tres ramas, pero incidiendo en que, si se descuida la razón, el ser humano tiende a regirse solamente por la afectividad. Concretamente, por una afectividad negativa. Esto, según Bringué, es lo que hace a unas personas reaccionar de manera distinta a un contratiempo, por ejemplo: en vez de dejarse llevar por la ira, la persona madura reaccionara de una forma razonable. “Para ello, hace falta voluntad y la voluntad se activa cuando hay razones”, tal y como explicó el profesor.
Todos estos son conceptos de la personalidad que, según el experto, son necesarios para trabajar en equipo. Conociendo a las personas, se sabrá qué puede hacer cada cual. Si bien, tal y como recordó Bringué, “hay que distinguir el ‘no quiero’ del ‘no puedo’”. El primero está relacionado con la actitud y el segundo tiene que ver con la aptitud. “Si una persona no sabe, puede aprender. Si no quiere, se le puede motivar”, señaló Bringué, que también advirtió de que “muchas veces confundimos un ‘no puedo’ con un ‘no quiero’”.