La Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) albergó, el pasado 15 de marzo, la segunda y última sesión del seminario "Generación de nuevos modelos de negocio". Esta sesión se centró en generar nuevos modelos de negocio. La jornada corrió a cargo de Daniel Echeverría, formador y Consultor en Dirección Estratégica y Gestión de Proyectos.
La Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) y Human Management Systems organizaron, el pasado 29 de marzo, la jornada "El error como fuente del aprendizaje", que fue dirigido por el socio director de Human, José Antonio Ascarza, y contó con una charla a cargo del responsable del Área de Desarrollo de Personas en Human Management Systems, Alberto Pardo.
Según Pardo, en el ámbito de la empresa, “se hace necesario arriesgar y fomentar el error como fuente de aprendizaje”, aunque éste también advirtió de que “la simple acumulación de capacidades individuales no resulta muy efectiva”, sino que es preciso una organización, en la que se estructuren adecuadamente y se integren las capacidades individuales.
“La diferencia entre la gente mediocre y la gente de éxito es su percepción y reacción ante el fracaso”. Con esta cita del jugador de fútbol americano Kyle Rote, comenzó su sesión Pardo, que definió el error “todo juicio o valor que contraviene el criterio que se reconoce como válido”, o también como una “transgresión, desviación o uso incorrecto de una norma”.
A su vez, el concepto de error lleva al de la atribución, es decir, a aquel “proceso por el cual la persona explica e interpreta los hechos que le acontecen”. De esta forma, un mismo error, como puede ser el de no cerrar una venta, puede tener distintos tipos de atribuciones, tal y como explicó Pardo. Así, la atribución puede ser externa, si la causa se encuentra en un factor ajeno (“no vendí porque el cliente tenía un mal día”), o interno, si se asume la responsabilidad (“no vendí porque no preparé la reunión bien”). Del mismo modo la atribución puede deberse a un factor controlable (“no vendí por dedicar poco tiempo a la preparación”) o incontrolable (“no vendí porque la situación económica es pésima”).
Al error, Pardo llamó a aplicar el concepto de aprendizaje, es decir, el “resultado de procesos cognitivos individuales mediante los cuales se interiorizan nuevas informaciones (hechos, conceptos, procedimientos, valores), se construyen nuevas representaciones mentales significativas y funcionales (conocimientos), que luego pueden aplicarse en situaciones diferentes a los contextos donde se aprendieron”. A su vez, en el aprendizaje intervienen los conocimientos y experiencias anteriores, que Pardo calificó como la “capacidad de absorción”.
Así, a la hora de aprender de la experiencia, Pardo recordó que “la experiencia no es lo que nos pasa, sino lo que hacemos con lo que nos pasa”. Por lo tanto, la puesta en práctica de algo provoca una experiencia que ha de llevarnos a la reflexión y la extracción de conceptos para volver a poner en práctica esa acción.
Sin embargo, no basta con el conocimiento, ya que “el conocimiento resulta inoperante si no se cuenta con otras capacidades intelectuales complementarias”. Por lo tanto, para un funcionamiento eficiente, se requiere una capacidad de análisis, resolución de problemas, así como tener inteligencia emocional con los sentimientos y capacidad de decisión, planificación y ejecución.