A través del tiempo, la seguridad química ha sido una de las áreas que más se ha desarrollado en el campo de la seguridad y la salud en el trabajo, sin embargo, aun cuando en los últimos años se ha logrado un avance importante respecto a la normativa y la gestión de los productos químicos se debe continuar haciendo esfuerzos para minimizar los efectos negativos del uso de sustancias químicas peligrosas.
Mientras algunas capacidades funcionales de los trabajadores de mayor edad pueden disminuir, el desempeño de ciertos tipos de tareas puede mejorar. En general, el desempeño en tareas que demandan un alto nivel de destreza, experiencia y necesidad de toma de decisiones no suele disminuir con la edad, sino incluso puede mejorar.
Una de las ideas que pueden transformar de manera apreciable el entorno laboral y social es el cambio en la consideración de los trabajadores de más de cincuenta años, trabajadores de mayor edad, los cuales van a perder la consideración de personas que esperan una inminente jubilación y se van a consolidar como trabajadores con unas cualidades distintivas, máxime en puestos vinculados a la economía del conocimiento que no prima el rendimiento físico de la persona sino su aportación emocional y mental.
Las empresas deben saber adaptarse a esta transformación tan importante y gestionarla de la manera más inteligente para generar un beneficio mutuo para la propia empresa y para los trabajadores.
Una de las principales preocupaciones relacionadas con los trabajadores de mayor edad es la pérdida de capacidades funcionales y la disminución del rendimiento y de la productividad entre los trabajadores de mayor edad. Sin embargo, las empresas deben valorar las aportaciones de estos trabajadores, ya que poseen una fuerte ética del trabajo, una iniciativa para solucionar problemas y proponer alternativas en el ámbito de los objetivos generales de la empresa, una autonomía en el trabajo, una madurez en el trato personal y de equipo y unas habilidades y conocimientos adquiridos a lo largo de la experiencia personal y profesional.
Evaluación de los riesgos que tenga en cuenta la edad
Las evaluaciones de riesgos deben tener en cuenta las grandes diferencias personales en materia de capacidades funcionales, salud y otros aspectos relacionados con la diversidad entre los trabajadores. La adaptación del trabajo a las capacidades, las aptitudes y el estado de salud personales debe ser un proceso continuo y dinámico lo largo de toda la carrera profesional de las personas, basado en una correcta evaluación de los riesgos, lo que implica, entre otras cosas, adaptar el trabajo al estado de salud y las necesidades de los trabajadores de mayor edad.
Una evaluación de los riesgos que tenga en cuenta la edad implica tomar en consideración, con respecto a los distintos grupos de edad, los aspectos relacionados con este factor a la hora de evaluar los riesgos, incluidos los posibles cambios de las capacidades funcionales y el estado de salud en el caso de los trabajadores de mayor edad.
Por ejemplo, debe prestarse una mayor atención a las exigencias físicas del trabajo, a los peligros del trabajo por turnos, al trabajo en condiciones de elevadas temperaturas, al ruido, etc., en el caso de estos trabajadores. Sin embargo, como las diferencias entre las personas aumentan con la edad, no deben hacerse suposiciones basadas únicamente en este criterio, la evaluación de riesgos debe considerar las exigencias del trabajo en relación con las capacidades funcionales y el estado de salud de las personas.
Teniendo en cuenta estas importantes diferencias personales, la forma en que se modifique el lugar de trabajo para tener en cuenta los cambios de las capacidades funcionales deberá ajustarse a las necesidades y al estado de cada trabajador. Un diseño correcto del lugar de trabajo beneficia a todos los grupos de edad, al tiempo que constituye una medida orientada a los trabajadores de mayor edad.
Medidas preventivas a adoptar
• Evitar tareas que requieran el uso de mucha fuerza.
• Limitar el levantamiento de cargas pesadas y tareas que requieren un gran esfuerzo físico e introducir medios mecánicos, cuando sea posible, para reducir la manipulación manual de cargas.
• Evitar levantamientos rápidos o que impliquen una excesiva inclinación, encorvamiento o torsión de la columna vertebral.
• Medir el estrés en el trabajo para conseguir un ritmo de trabajo apropiado.
• Aumentar la relación señal-ruido en aquellas tareas que contengan instrucciones dependientes de señales.
• Mayor contraste en pantallas de visualización de datos e instrumentos de medición.
• Mayor tamaño de letra en monitores y pantallas.
• Instalación de dispositivos antideslumbramiento.
• Aumentar los niveles de iluminación en puestos de trabajo.
• Diseñar ergonómicamente las herramientas, los equipos y el mobiliario.
• Redefinir y adaptar el puesto de trabajo si es necesario.
• Evaluar individualmente el factor edad en relación al puesto de trabajo.
• Colocar a los trabajadores de mayor edad en puestos de trabajo que se puedan planificar mejor las tareas y que no impliquen un tiempo de reacción muy corto.
• Evitar trabajar sin planificación temporal adecuada.
• Disponer de procedimientos de trabajo escritos.
• Evitar tareas que impliquen una rápida capacidad de reacción u movimientos muy rápidos.
• Realizar periodos de formación específicos.
• Formación e información para la adaptación de las nuevas tecnologías.
• Adaptación del horario laboral: turnos más cortos, no nocturnidad, organizar el trabajo por turnos y rotación de puestos de trabajo y planificar descansos o pausas.
• Jubilación progresiva: reducción progresiva de la jornada laboral.
• Rentabilizar el talento, aprovechar a los mayores en los puestos donde resulten más valiosos.
• Incentivación del rol de mentor, favorecer la relación intergeneracional.
Fuentes
- Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales, www.funprl.es.
- Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, www.insht.es.
Beatriz Remón
Dpto. de Prevención de Riesgos Laborales de CEN