Así lo asegura el informe acerca del "Impacto de la regulación sobre innovación", editado por la Fundación Cotec
"Regulaciones más flexibles, como las basadas en incentivos o las que fijan estándares de rendimiento, favorecen tanto la innovación social como la de mercado, ya que dan más libertad a la empresa para elegir la alternativa más favorable para cumplir con la regulación, siendo en último término el mercado el que seleccione la solución más viable comercialmente".
La Confederación de Empresarios de Navarra (CEN) y la consultora Innokabi organizaron, el pasado jueves, 6 de noviembre, la jornada "Los ocho pasos para innovar en tu producto", dirigida a empresas interesadas en lanzar nuevas líneas de producto al mercado. La sesión estuvo impartida por el socio fundador de Innokabi, Alfonso Prim. En su intervención, Prim señaló que, en innovación, "no se trata de tener una gran idea", sino de saber colocarla en el mercado.
Ocho pasos para innovar Definir el cliente al que nos dirigimos es una de las claves de la innovaciķn Alfonso Prim y Ane Hernando
Este advirtió de las dificultades que tienen las innovaciones para llegar al mercado, donde “el 90% de los productos que se lanzan fracasan en, como mínimo, tres años”. Dicho esto, ¿qué es lo que hace ese 10% que “sobrevive”? Según el experto, cuentan con un “plan flexible”, que sabe modificarse conforme al mercado.
Prim puso varios ejemplos de empresas de éxito que han sabido adaptarse para dar un servicio a sus clientes que les acabe generando negocios de miles de millones de euros. Así, relató casos de empresas tan emblemáticas como Twitter, que comenzó siendo un portal de podcasting para compartir archivos de audio, o Youtube, que era un sitio de citas. La clave, según el socio fundador de Innokabi: ofrecer una propuesta de valor que “solucione problemas a los clientes”.
Tal y como señaló, “hay emprendedores en cualquier parte. Si en un sitio, hay gente con problemas y alguien que pueda ofrecerles solución, se puede generar un modelo de negocio”. Prim también incidió en la idea de que “emprender es gestión”, es decir, no es algo reservado a grandes genios (tipo Steve Jobs), sino que se gestiona con recursos y herramientas.
Crear una “cultura de la innovación”
Según Prim, además de esta labor de marketing, existen distintas dimensiones de la innovación. Así, se refirió a las “organizaciones innovadoras”, que son aquellas en las que la innovación se aplica a toda la empresa. Una característica de estas empresas es la de que “no siguen un plan fijo” (como se ha visto anteriormente, varían según el mercado) o que su estructura interna es transversal y no está compartimentada.
De ahí, el siguiente plano es el de “que sea innovadora toda la cadena de valor”. Es decir, un “ecosistema de innovación”, que englobe a proveedores, empresas y clientes. El paso posterior es el de la innovación abierta (open innovation), reflejado en casos como el de Tesla Motors que desbloqueó sus patentes para que fueran accesibles y todo el sector se beneficiase de su investigación. Tras la open innovation, la ola más amplia equivale a lo que Prim definió como la “innovación cultural”, que es, por ejemplo, la que existe en regiones como Sillicon Valley, en California, dónde están “más del 60% de las mayores empresas innovadoras del mundo”, gracias a su cultura de la innovación.
Para crear esa cultura, tal y como explicó Prim, hace falta la implicación de toda una sociedad, también desde los ámbitos de la educación, la administración… Una muestra de esa cultura de innovación se comprueba en hechos como, por ejemplo, la no estigmatización del fracaso: “es legítimo fallar, siempre que aprendas”. Un lema que, tal y como señaló Prim, está muy interiorizado en esa cultura de Sillicon Valley.