Según la VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo las exigencias físicas de los puestos de trabajo y los problemas de salud asociados a ellas, muestran una incidencia creciente, al igual que ocurre con los indicadores relativos a las exigencias de carácter mental.
La fatiga laboral surge cuando existe un desequilibrio prolongado a situaciones de sobrecarga o infracarga. La exposición a estas situaciones pueden tener como consecuencia la disminución y aumento de los errores del rendimiento mientras se realiza una tarea.
La carga mental se define como la porción de recursos cognitivos que un trabajador moviliza para realizar una determinada tarea. Por este motivo, solo es esperable la aparición de efectos negativos en aquellos casos en los que no resulta adecuado el nivel de carga mental generado por la tarea (sobrecarga o infracarga).
La fatiga laboral surge cuando existe un desequilibrio prolongado a situaciones de sobrecarga o infracarga, por ello, la exposición a estas situaciones mental pueden tener como consecuencia la disminución y aumento de los errores del rendimiento mientras se realiza una tarea. Esta degradación del rendimiento viene determinada en muchos casos por el comportamiento adaptativo del trabajador. Por ejemplo, ante una situación de sobrecarga las personas pueden permitir que su ejecución degenere, pueden realizar la tarea de forma que exista un menor consumo de recursos cognitivos.
Por su parte, la infracarga, generalmente consecuencia del trabajo en entornos donde es necesario el mantenimiento de la atención sin la presencia de un adecuado nivel de estimulación, suele venir determinada por una serie de factores que se encuentran directamente vinculados a la comisión de errores y a la degeneración del rendimiento.
• Tiempo: la solución a este hecho debe venir determinada por una reducción del tiempo real dedicado a la realización de tareas donde se requiera un mantenimiento continuado de la atención. En este sentido, sería necesario el enriquecimiento del trabajo mediante la inclusión de otro tipo de tareas. Igualmente, es adecuado realizar una adecuada estructuración temporal del trabajo y pausas programadas (número, frecuencia y duración).
• Características de los estímulos: los estímulos brillantes, intermitentes o de elevada intensidad sonora tienden a resultar más llamativos, por lo que pueden ser detectados con mayor facilidad.
• Razón temporal de presentación de la señal: cuando los estímulos aparecen bajo una razón temporal relativamente baja, el esfuerzo para detectar su presencia aumenta y se produce un incremento en la probabilidad de error. La razón de este hecho puede encontrarse en el criterio de carácter conservador que tiende a adoptar el trabajador ante esta forma de presentación, así como en el menor nivel de activación que esta genera.
• Nivel de activación: las tareas de vigilancia normalmente originan escasa activación, por lo que el trabajador se encuentra en muchos casos alejado del nivel óptimo de activación. Se debe, por tanto, mantener un nivel adecuado de activación a través de la inclusión de pausas y rotación de tareas. También puede resultar efectivo el empleo de distintas formas de estimulación externa como la música. Finalmente, es necesario cuidar los hábitos saludables como patrones de descanso, alimentación y ejercicio físico.
• Ambigüedad: cuando la información es ambigua y es necesario tomar decisiones y dar respuestas que impliquen responsabilidad, puede ocasionar alteraciones psicosomáticas.
• Predecible: mientras menos predecible sea un estímulo, mayor será la fatiga mental, ya que aumenta el número de exploraciones.
Manifestaciones de la fatiga laboral
Entre sus manifestaciones más frecuentes se pueden señalar:
• Manifestaciones subjetivas: percepción por parte del trabajador de sentimientos tales como disconfort o dolor, de dificultad para mantener los ojos abiertos o para mantenerse despierto, o de dificultad para mantener la concentración, tomar decisiones y pensar con rapidez.
• Manifestaciones fisiológicas: cambios asociados a un decremento de la capacidad para realizar esfuerzos.
• Manifestaciones conductuales: consisten fundamentalmente en el deterioro del nivel de rendimiento en la aparición de expresiones físicas, cómo el bostezo, y situaciones de lapsos en la atención que pueden poner en peligro la seguridad y la salud laboral.
• Otras manifestaciones: además de estos efectos inmediatos, cada vez es más preocupante la manifestación de los efectos de manera acumulativa. Entre las consecuencias más graves se pueden señalar las siguientes:
- Trastornos en el comportamiento
- Síntomas de disfunciones fisiológicas
- Aumento del número de errores
- Deterioro en la calidad del trabajo
- Insatisfacción y desmotivación
- Alteraciones en el estado de ánimo
- Incremento en la tasa de accidentabilidad
- Consumo de drogas (tabaco, alcohol, estimulantes, etc.)
Acciones para equilibrar la carga mental en el trabajo
La carga mental de trabajo inadecuada, ya sea por exceso o por defecto, puede tener varias consecuencias negativas (tensión, fatiga, sentimientos de monotonía, etc.). Para prevenirlas se pueden adoptar diversas medidas, directamente sobre la organización, y también potenciar las capacidades del trabajador en cuanto a la resistencia a la fatiga:
• Prevención desde el punto de vista ergonómico y psicosocial
- Diseñar el puesto de trabajo desde el punto de vista de la ergonomía preventiva.
- Reducir o aumentar la carga de trabajo para ajustarla a las capacidades de la persona, así como facilitar la adquisición de la información necesaria y relevante para realizar la tarea, etc.
- Facilitar y orientar la atención necesaria para desempeñar el trabajo.
- Proporcionar las ayudas necesarias para la memoria (utilizando recordatorios, agendas, etc.).
- Rediseñar el lugar de trabajo (adecuando espacios, iluminación, ambiente sonoro, etc.).
- Posibilitar espacios adecuados para favorecer el descanso y la recuperación.
- Actualizar los útiles y los equipos de trabajo (manuales de ayuda, listas de verificación, registros y formularios, procedimientos de trabajo, etc.) siguiendo los principios de ergonomía.
- Introducir pausas dinámicas, sistemas de ejercicios compensatorios o descansos breves programados.
- Organizar el tiempo de trabajo. Reorganizar el tiempo de trabajo tipo de jornada, duración, flexibilidad, etc.) y facilitar suficiente margen de tiempo para la autodistribución de algunas breves pausas durante cada jornada de trabajo. Fomentar la autonomía en la gestión del tiempo.
- Rotación de tareas.
- Enriquecer las tareas, reformular el contenido del puesto de trabajo favoreciendo el movimiento mental y físico.
- Delimitación clara de los roles (prevenir ambigüedad y conflicto de rol).
- Fomentar un clima de apoyo social.
- Formación adecuada para la tarea que se ha de realizar.
- Participación y comunicación en la toma de decisiones.
- Sugerencias y colaboración.
Prevención desde el punto de vista del trabajador
- Alimentación equilibrada.
- Cuidar el patrón de descanso.
- Aumentar las actividades de relajación.
- Practicar ejercicio físico de manera habitual.
- Fomentar la actividad social y el ocio.
Fuentes
- Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales, www.funprl.es.
- Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, www.insht.es.
- NTP 445: Carga mental de trabajo: fatiga.
Beatriz Remón
Dpto. de Prevención de Riesgos Laborales de CEN