La proporción de desempleados y pensionistas frente al de trabajadores ocupados en Navarra es del 62,84%, tan sólo superior al de Madrid, que es del 56,05%.
El número de nacimientos en Navarra se reduce un 0,8% y la esperanza de vida aumenta a los 83,6 años
El número de nacimientos inscritos en Navarra en 2011 fue de 6.724. De estos, el 98,9% son nacidos de madres que residen en la Comunidad Foral, el resto son nacimientos que han ocurrido en Navarra pero de madres que residen fuera de Navarra.
La natalidad continúa en 2011 el descenso iniciado en 2009 y con respecto a los datos definitivos del año 2010, en 2011 los nacidos vivos descienden un 0,8%. La tasa bruta de natalidad es de 10,8 nacidos por 1.000 habitantes.
El indicador de la fecundidad se mantiene en los mismos niveles desde el año 2009 alcanzando, por término medio, 1,48 hijos por mujer.
Por su parte, la edad a la que las mujeres son madres aumenta ligeramente; la edad a la primera maternidad se eleva a los 31,0 años y la edad media a la maternidad pasa de 31,6 a los 32,1 años.
El porcentaje de nacidos de madre no casada continúa su tendencia creciente de los últimos años y pasa del 21,7% en 2007 al 28,9% en 2010 y alcanza en 2011 un nuevo máximo de 29,4%.
No obstante, uno de los datos más significativos de la natalidad es la disminución de los nacidos de madre extranjera. En 2010 suponían un 21,6% y en 2011 es el 18,9%.
Como en años anteriores, las madres extranjeras con mayor número de nacidos son las de Marruecos, Rumania, Ecuador y Argelia, principalmente. No obstante, en 2011 descienden los nacidos de madres de nacionalidad colombiana, ecuatoriana y peruana.
Este descenso es reflejo del retroceso de población extranjera de estas nacionalidades en la población de Navarra.
La fecundidad difiere entre las mujeres españolas y extranjeras. Entre las españolas, el número medio de hijos por mujer se mantiene en torno a 1,3 desde 2009. Entre las extranjeras decreció hasta 1,5 en 2011, desde el 1,7 observado en 2009.
La edad media a la maternidad sigue siendo muy distinta en ambos colectivos, 33,0 años para las españolas y 29,2 años para las madres extranjeras.
En cuanto a la distribución de los nacimientos según rango, los primogénitos representan el 49,9% del total de nacimientos, el 37,4% son segundos hijos y el 12,7% restante son nacimientos de rango 3 o mayor. Desde los años 80 los primeros hijos suponen la mitad del total de nacimientos y los nacidos de orden 3 o posterior disminuyen. A modo de recordatorio señalar que el número medio de hijos por mujer se sitúa en torno a 1,5.
El número de defunciones inscritas en Navarra en 2011 fue de 5.122. De estas el 95,8% son de personas que residían en Navarra, el 4,2% restante son decesos de personas que fallecen en Navarra pero que residen fuera de la Comunidad Foral.
La estadística de defunciones ocurridas en la Comunidad Foral de Navarra se incrementa un 2,8% con respecto al año anterior y supone 8,2 defunciones por cada 1.000 habitantes.
La esperanza de vida al nacimiento ha ido incrementándose desde 1976, año en el que la esperanza de vida al nacer era, como media, de 73,4 años hasta aumentar en 2011 diez años y situarse en 83,6 años.
Si se tiene en cuenta el sexo, en 2011 la esperanza de vida es de 80,9 años en los varones y de 86,8 en las mujeres, lo que supuso 0,6 y 0,7 años más, respectivamente, que en 2010.
Además, de acuerdo a las condiciones de mortalidad del momento, una persona que alcance los 65 años esperaría vivir, de media, 19,6 años más, si es hombre, y 23,2 más, si es mujer.
Matrimonios
El número de matrimonios inscritos en Navarra en 2011 fue de 2.217. De estos el 90,6% son uniones que fijan su residencia en la Comunidad Foral, el resto son enlaces que se han celebrado en Navarra pero de parejas que van a residir fuera de Navarra.
El número de parejas que contrae matrimonio va descendiendo desde el año 2004 y respecto al año 2010 las uniones descienden un 4,6%. La tasa bruta de nupcialidad se mantiene en torno a los 3,6 matrimonios por cada mil habitantes.
De las 2.217 uniones celebradas en Navarra durante el año 2011, el 62,0% fueron ceremonias civiles, porcentaje que sigue aumentando progresivamente.
En lo que se refiere a la edad de los esposos al casarse, la edad media al primer matrimonio se eleva a 33,0 años en los varones y desciende a los 31,0 años en las mujeres.
En relación con la nacionalidad de los cónyuges en un 20,4% de los matrimonios celebrados en Navarra durante 2011 al menos uno de los cónyuges era extranjero. Este porcentaje es 0,8 puntos inferior al registrado en 2010. El 79,6% restante son matrimonios de parejas de nacionalidad española.
En los casos en los que uno de los cónyuges es de nacionalidad española y el otro extranjero, predominan los que son de Brasil, República Dominicana, Colombia y Ecuador, nacionalidades en las que en la mayoría de los casos el cónyuge extranjero es la mujer.
En los casos en los que ambos cónyuges son extranjeros predominan los matrimonios en los que ambos son de la misma nacionalidad principalmente de Bolivia, Nigeria, Colombia y Ecuador.
Con relación al estado civil previo, aunque la mayoría de los enlaces se da entre personas solteras, el 82,3%, sigue aumentando la proporción en los que al menos un cónyuge es divorciado y en 2011 alcanza un 17,3%.
En España, los nacimientos se redujeron un 3,5%
Sin embargo, la caída de los nacimientos fue más aguda en el conjunto del país. En concreto, en 2011 se produjeron 468.430 nacimientos de madres residentes en España, un 3,5% menos que en el año anterior.
El Indicador Coyuntural de Fecundidad (o número medio de hijos por mujer) descendió hasta 1,35 desde el 1,38 registrado en 2010. Por su parte, la edad media a la maternidad volvió a aumentar y alcanzó los 31,4 años.
Un total de 90.390 nacimientos (el 19,3% del total) fueron de madres de nacionalidad extranjera residentes en España. Esta cifra fue inferior a los 98.845 del año 2010 (que representaron el 20,4% del total).
Entre las mujeres españolas, el número medio de hijos por mujer se redujo a 1,31 frente a los 1,33 del año anterior. Entre las extranjeras, se situó en 1,56, frente al 1,64 observado en 2010.
La edad media a la maternidad volvió a ser muy distinta en ambos colectivos. En el año 2011 se estimó en 32,1 años para las mujeres españolas y en 28,9 años para las extranjeras.
En el año 2011, la esperanza de vida al nacimiento alcanzó los 79,1 años para los hombres y los 84,9 para las mujeres. Respecto al año anterior, se observó un aumento de 0,2 años para los hombres. En el caso de las mujeres apenas hubo variación.
La esperanza de vida para una persona de 65 años en 2011 es, de media, 18,4 años si es hombre y 22,4 si es mujer.
En el año 2011 la cifra total de fallecidos fue de 387.347, superando en un 1,9% a la del año anterior.
La tasa bruta de mortalidad se situó en 8,40 fallecidos por cada 1.000 habitantes, frente a los 8,25 del año precedente.
Los residentes en España fallecidos con nacionalidad extranjera representaron el 2,4% del total, a pesar de que este colectivo suponía más del 12% de la población residente.
Crecimiento vegetativo
El continuado descenso de la natalidad y el aumento en el número de defunciones acentuaron la tendencia a la baja del crecimiento vegetativo durante el año 2011. Así, la diferencia entre nacimientos y defunciones fue de 81.083 personas, un 22,8% menos que en el año anterior.
Un total de 161.345 parejas contrajeron matrimonio durante 2011, lo que supuso un descenso del 4,4% respecto al año anterior.
La tasa bruta de nupcialidad se redujo hasta 3,50 matrimonios por cada 1.000 habitantes, frente a los 3,66 del año 2010.
La edad media al matrimonio se estimó en 36,1 años para los hombres y 33,0 para las mujeres. Si nos referimos a los primeros matrimonios, dicha edad media descendió hasta 33,6 años en los varones y hasta 31,4 en las mujeres.
En el 19,3% de los matrimonios celebrados en España durante 2011 (con cónyuges de distinto sexo) al menos uno de los cónyuges era extranjero. Este porcentaje fue 1,3 puntos inferior al registrado el año anterior.
Por su parte, los matrimonios celebrados entre personas del mismo sexo representaron el 2,4% del total. Este porcentaje fue 0,5 puntos superior al registrado en 2010.
Datos por comunidades autónomas
La tasa de natalidad se redujo en el año 2011 en todas las comunidades, salvo en la ciudad autónoma de Melilla.
Las comunidades con menores tasas de natalidad fueron Principado de Asturias (7,30), Galicia (7,94) y Castilla y León (8,00). En el otro extremo se situaron Región de Murcia (11,81), Cataluña (11,13) y Comunidad de Madrid (11,04), además de las ciudades autónomas de Ceuta (14,85) y Melilla (18,66).
La tasa de mortalidad en el año 2011 se incrementó en todas las comunidades respecto al año 2010, excepto en Extremadura, La Rioja y la ciudad autónoma de Ceuta.
Las tasas de mortalidad más elevadas se registraron en Principado de Asturias (12,08 defunciones por cada 1.000 habitantes), Galicia (11,20) y Castilla y León (10,95).
En cuanto a los matrimonios, la tasa de nupcialidad sólo se incrementó en la ciudad autónoma de Ceuta.
El “suicidio demográfico” de España
Todos estos datos reflejan “nuestra muy deficiente fertilidad en las últimas décadas y del formidable incremento de nuestra esperanza de vida, que en 2010 es más del doble que en 1900”. Así lo señala el consultor de estrategia empresarial y finanzas corporativas, Alejandro Macarrón, autor del libro “El suicidio demográfico de España”, que en una serie de artículos publicados en el diario Expansión, se hace eco del fenómeno del envejecimiento de la población, que, aunque afecta al conjunto del mundo desarrollado, en nuestro país es “particularmente agudo”.
Macarrón sostiene que “un país en el que tiende a haber más personas mayores y menos jóvenes, y con una población en vías de menguar, soporta un pesado lastre estructural que daña sus perspectivas de crecimiento, la sostenibilidad de su economía y la riqueza de sus ciudadanos como pocas cosas, por razones de mucho peso”. Por ejemplo, el autor señala cómo afecta esto al consumo, ya que, “cuando la población envejece, el consumo y la inversión son asimismo menores que en países más jóvenes, exceptuando la demanda de productos y servicios sanitarios, superior por parte de las personas mayores”.
Otra incidencia sobre el crecimiento económico sería, además, en la propia productividad de las empresas. “Al ir desapareciendo la tradicional pirámide de edades, a las empresas cada vez les cuesta más compensar el mayor coste salarial de sus empleados de mayor edad –salvo que desempeñen puestos de especial responsabilidad- con el menor coste de los que tienen menos años, como sucedía antaño, cuando había muchos empleados jóvenes y pocos de edades avanzadas”, sostiene el experto.
Sin embargo, Macarrón reconoce que “tal vez el mayor problema económico derivado del envejecimiento colectivo es la creciente carga que deben soportar los trabajadores en activo y los empresarios para producir la riqueza que consumen los mayores en forma de pensiones, sanidad pública y atención/dependencia, salvo que se reduzcan las pensiones y/o dejen de ser plenamente gratuitas las demás prestaciones sociales”.
De hecho, en su artículo “Cómo escapar o adaptarnos al tsunami de las canas”, el consultor afirma que “la única solución buena ante el tsunami de canas en ciernes es que la mejora de la natalidad se convierta en prioridad nacional para nuestras clases dirigentes, y los españoles en edad fértil recuperemos el lugar que nuestros antepasados otorgaban a tener hijos entre sus grandes objetivos vitales”.
No obstante, el autor apunta que “dar dinero público por algo que todos nuestros antepasados –en promedio mucho más pobres, sacrificados y esforzados que nosotros- hicieron simplemente por instinto natural, y porque tener hijos era para ellos algo esencial en una vida plena, no parece buena idea, pues de seguir ampliando el gasto público, nos exponemos a un serio riesgo de quiebra del Estado, a la griega”. Además, Macarrón se refiere a que, “si calculamos la eficacia del cheque-bebé de 2.500 euros en términos de coste para el contribuyente, dividido entre el incremento de nacimientos en España, el resultado es demoledor”.
Por el contrario, el autor propone medidas que favorezcan la sostenibilidad del sistema, como “que la pensión de jubilación incorpore un coeficiente corrector al alza o a la baja proporcional a la diferencia entre el número de hijos que tuvo el jubilado y la media nacional”; algo que, “bien modulado, si estimulase de forma suficiente la natalidad, podría beneficiar también a los menos fecundos, por mejorar a largo plazo la salud de nuestra economía y Seguridad Social”.
Macarrón apuesta también, como forma de “rejuvenecer España, por la "inmigración controlada, sobre todo de países afines a España en lo cultural, y cuando nuestras empresas y particulares la precise”. Aunque advierte de que no se puede “fiar a la inmigración lo esencial de la solución al gravísimo problema que origina nuestra deficiente fecundidad”. A pesar de esto, reconoce que “la inmigración se ha frenado en seco con la crisis”, y que “la fecundidad de los inmigrantes también suele caer drásticamente cuando se acostumbran a nuestro modo de vida”.
Además de todo, “para afrontar mejor el deterioro demográfico, y porque conviene hacerlas de todos modos por la crisis económica, urgen las reformas que ayuden a mejorar nuestra productividad, recortar el ingente gasto público superfluo y nuestro insostenible déficit público, y a que ahorremos más, tanto en el sector público como en el privado”, tal y como concluye este consultor.