La prevención debe ser un objetivo más dentro de la actividad empresarial, evitando o minimizando las causas de los accidentes y enfermedades profesionales. Por este motivo, es necesario organizar la prevención de riesgos desarrollando e implantando e integrando un sistema de prevención que implique a todos los niveles de la empresa.
Son muchos los profesionales de diferentes gremios que "se dejan la piel en su trabajo" debido a la exposición a un gran número de sustancias, productos, agua, o humedades durante su jornada laboral que causan daños o enfermedades a su piel. Hoy en día, las afecciones de la piel representan el grupo de enfermedades profesionales más frecuente entre la población trabajadora, un 11% del total de los partes de enfermedad profesional comunicados.
El hecho de que exista un gran número de agentes capaces de producir enfermedades dermatológicas, los productos químicos, la exposición al frío o al calor, la fricción continua con herramientas, el contacto con hongos, virus o bacterias, etc., extiende el problema a diversidad de actividades y de puestos de trabajo.
La piel es una cubierta que envuelve todo nuestro cuerpo, actuando como una barrera protectora, aislando al organismo del medio que nos rodea, protegiéndolo y contribuyendo a mantener íntegras sus estructuras al tiempo que actúa como sistema de comunicación con el entorno.
Las agresiones que puede sufrir la piel, se conocen como dermatosis, y pueden estar causadas por una variedad de contaminantes, produciendo desde un simple enrojecimiento a procesos más severos y a veces es complicado establecer una relación clara con las lesiones específicas.
Dentro de la dermatosis profesional, la más frecuente es la generada por contacto, una vez producida la sensibilización, tiene que haber una cantidad de sustancia y un tiempo de exposición determinados, para provocar una reacción en la piel. La dermatosis profesional por contacto presenta dos grandes grupos: alérgicas e irritativas.
• Las dermatosis alérgicas, producidas son sustancias que pueden inducir una reacción de hipersensibilidad (alérgica) en personas que genéticamente son susceptibles. Las dermatosis alérgicas tienen un porcentaje del 20 % sobre el total de las dermatosis de contacto.
• Las dermatosis irritativas, son consecuencia de sustancias y preparados no corrosivos que en contacto breve con la piel o mucosas pueden provocar una reacción inflamatoria, este tipo de alteración corresponde al 80 %.
Los síntomas que tiene la dermatosis profesional, comienzan con una inflamación de la zona y con la formación de unas vesículas que pueden llegar a provocar picor.
Principales causantes de agresiones en la piel
• Contacto con sustancias agresivas que pueden hacer que aparezcan en la piel eczemas de desgaste. En ocasiones la sustancia en sí es inofensiva, lo que provoca la lesión es el contacto repetitivo durante un periodo de tiempo.
• Hinchazón de la piel: es frecuente que el trabajador tenga un contacto frecuente con el agua, uso prolongado con guantes, excesiva humedad durante largo tiempo, etc. todo ello va a constituir un esfuerzo para la piel. La piel se hincha y se vuelve más sensible frente a los distintos efectos de las herramientas o maquinaria, por lo que dejará de ser una barrera contra los microorganismos.
• Exposición a radiaciones ultravioletas: en ocasiones el trabajador se ve expuesto a radiaciones ultravioletas, que van a ocasionar un envejecimiento prematuro de la piel o cáncer. Por ello, es importante elegir un producto protector adecuado a este tipo de riesgo, los cuales deberán ofrecer una adecuada tolerancia cutánea, un amplio espectro de filtro, resistencia al agua y un buen cuidado de la piel.
Medidas preventivas
• Facilitar información comprensible y exacta sobre las sustancias y los materiales que se usan en el trabajo, así como los riesgos que comportan. Del mismo modo, hay que explicar las precauciones que se deben adoptar para evitar estos riesgos, cómo actuar en el caso de contacto de la piel con sustancias agresivas y las medidas básicas de higiene.
• Implantar sistemas para que los contenidos de los programas de protección cutánea sean asumidos por los trabajadores. Un medio eficaz para que esta información específica llegue a todo el personal es disponer carteles en los vestuarios y las áreas sanitarias.
• Cuidar la higiene personal. En muchas actividades es recomendable la ducha diaria en la empresa después de la jornada laboral, así como la limpieza periódica de las manos y de las zonas de la piel expuestas a factores agresivos. Estas medidas reducen el tiempo de contacto con el producto o material contaminante y evitan su transporte a otros entornos: domicilio, medios de transporte o centros sociales.
• Disponer de locales de aseo. La medida anterior requiere la existencia de instalaciones sanitarias con duchas y lavamanos donde la zona sucia esté separada de la zona limpia. El lavamanos es aconsejable que esté dotado de sistemas de abertura que no sean manuales (accionados con el pie, células fotoeléctricas, etc.) para evitar la transmisión de contaminación.
• Implantar, de forma prioritaria, medidas colectivas de prevención que sean lo más asequibles a cada tipo de trabajo: sustitución de sustancias nocivas, instalación de sistemas de ventilación y extracción localizada, instalaciones sanitarias adecuadas y automatización de procesos de trabajo.
• Usar las protecciones personales cuando las medidas colectivas no se puedan aplicar o no garanticen el cuidado suficiente de la piel. Existen prendas de protección cutánea (guantes, botas, sombreros, mandiles, caretas, etc.) y productos protectores específicos (cremas o pomadas). Éstas no constituyen una «barrera» de seguridad total, pero son útiles para facilitar la limpieza, proteger de las radiaciones ultravioleta y para los usuarios de guantes y botas impermeables.
• Aplicar la crema protectora sobre la piel limpia antes de iniciar cada trabajo y después de cada descanso, especialmente en la zona de entre los dedos y en la base de las uñas. Sin embargo, estos productos no deben ponerse nunca sobre pieles que sufran algún tipo de alteración, ni debajo de guantes de látex, ya que pueden agravar o favorecer el problema dermatológico.
• Escoger el tipo de limpiador según la suciedad. Por lo general, el agua y el jabón son suficientes, pero de no ser así se tendrá en cuenta lo siguiente. Poca suciedad: un limpiador de pH neutro, sin disolventes y menos de un 10% de tensioactivos; suciedad media y tenaz: detergente de pH ligeramente alcalino, sin disolvente para las grasas, y con menos de un 30% de disolvente para colas y pinturas.
• Evitar los productos abrasivos para limpiar la piel como son: el serrín, la arena o el jabón en polvo, así como las pastillas de jabón porque en ellas se queda adherida la suciedad. Es mejor utilizar limpiadores líquidos que sean biodegradables.
• Limpiar correctamente la piel. Usar sólo el jabón necesario, frotando a fondo, primero sin agua y luego con poca. Al finalizar, la suciedad y el jabón se enjuagarán totalmente con abundante agua.
• Evitar los secadores de aire caliente, así como las toallas de papel de baja calidad, puesto que resecan la piel. La mejor opción son los dispensadores automáticos de toallas de tejido.
• Tener precaución con el uso indiscriminado de los guantes de látex, en especial el personal sanitario, de la limpieza, de laboratorios y peluquerías, puesto que una exposición prolongada a este material, como reacciones alérgicas al mismo, pueden ocasionar enfermedades en la piel. Es conveniente usar los guantes de látex sólo cuando sea necesario y de forma alternativa con otros de distinto material, limitar la exposición.
Fuentes
- Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales, www.funprl.es.
- Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, www.insht.es.
Beatriz Remón
Dpto. de Prevención de Riesgos Laborales de CEN