Innovación internacionalizada: reto para las políticas de ciencia y tecnología
La innovación tecnológica desempeña un papel esencial en el desarrollo de las economías
Probablemente la innovación tecnológica sea uno de los escasos campos donde la inmensa mayoría de los gobiernos han puesto en marcha políticas públicas de apoyo, con independencia de la ideología de los gobernantes o del nivel territorial de la administración correspondiente: nacional, regional, local o incluso supranacional.
Esta rara unanimidad se debe al convencimiento de que a) la innovación tecnológica desempeña un papel esencial en el desarrollo de las economías, máxime en un tiempo que se ha definido como el de la Economía del Conocimiento y b) que el mero funcionamiento de las fuerzas del mercado no asigna con eficacia los recursos necesarios para lograr el óptimo en la innovación, entre otras razones porque la tecnología y la innovación, como toda forma de conocimiento, tienen características de bien público. Por ello, su posesión por parte de un agente no excluye a otros, provocando así la existencia de externalidades entre los agentes que no son bien ponderadas por los mercados.
Sobre ese concepto general de la innovación y las políticas a seguir se han producido dos modificaciones que obligan a replantearse el diseño y alcance de las políticas de innovación tecnológica. Se trata, por una parte del papel de los Sistemas de Innovación y, por otra de la internacionalización. El primero se refiere a la toma en consideración de que las empresas, en tanto que agentes principales de la innovación tecnológica, desarrollan su actividad dentro de un Sistema de Innovación con cuyos componentes interactúan de forma permanente, lo que exige que estas relaciones se incorporen a los objetivos de las políticas.
El otro cambio es el núcleo de este trabajo y ha sido mucho menos analizado; se trata de la extensión de los procesos de internacionalización a parcelas cada vez más significativas de la creación de innovaciones. Desde otra perspectiva puede subrayarse que se ha pasado de una realidad internacional dominada por la idea de la transferencia de tecnología, donde unos agentes desarrollan el conocimiento y lo transfieren a otros países a una situación mucho más compleja en la que sin que lo anterior haya desaparecido, se presentan nuevas formas de desarrollar las innovaciones en las que lo internacional afecta también a la fase de creación de conocimiento y en el que las empresas multinacionales adquieren un nuevo protagonismo. Causas de la internacionalización de la innovación
Esta nueva situación responde, en última instancia, a cambios acaecidos en la innovación y la internacionalización como procesos autocontenidos y su influencia recíproca.
En efecto, la profundización de la internacionalización económica de las últimas décadas se ha reflejado no solo en el incremento considerable de las cifras de inversión directa exterior (IDE), sino también en cambios cualitativos tales como la incorporación de los servicios o de áreas de las empresas que anteriormente estaban más centralizadas, entre las que figuran las tareas vinculadas con la innovación tecnológica. Pero también por el lado de la innovación se han producido modificaciones muy importantes en este tiempo entre las que cabe mencionar los fuentes incrementos de los costes, la creciente complejidad de las tecnologías y las fuentes de conocimiento en las que se sustentan o el mayor ritmo de obsolescencia de los nuevos desarrollos.
Todo ello conlleva que las empresas, incluso las más potentes, sean cada vez menos autosuficientes para producir lo necesario para llevar a cabo las innovaciones y tengan que buscar apoyos en fuentes externas, bien a través de los cada vez más desarrollados mercados de tecnología o buscándolos directamente en sus fuentes, cuando se trata de aspectos tácitos del conocimiento incorporados a personas y organizaciones.
Desde la perspectiva de la decisión de las empresas, las fuerzas que impulsan a descentralizar en otros países algunas actividades tecnológicas pueden agruparse en dos. De un lado, la necesidad de apoyar la producción de bienes y servicios en el exterior que precisa cierta actividad tecnológica para su funcionamiento o para adaptada a los gustos o requerimientos del país de destino. De otro, cada vez es más frecuente descentralizar actividades tecnológicas como mecanismo para aproximarse a fuentes de conocimiento externas necesarias para incrementar las capacidades de la empresa en su conjunto y poder competir con armas semejantes a las de otros agentes globales. Si al primer tipo de estrategias se las denomina orientadas a la explotación de las capacidades de la empresas, al segundo se le conoce como orientadas a los activos o al aumento de las capacidades de las empresas.
Lo que dicen los datos
El desafío para las políticas proviene no solo de entender adecuadamente la naturaleza de un fenómeno todavía insuficientemente estudiado (Cantwell y Molero, 2003), sino también de conocer el alcance real que la internacionalización de la innovación tecnológica está teniendo. Los distintos ángulos que presenta hacen útil la distinción de tres niveles en la internacionalización de la innovación: la explotación internacional de la innovación tecnológica, la creación de innovaciones tecnológicas sobre bases internacionales y la colaboración científico técnica internacional.
1. La explotación internacional de las innovaciones. Aquí se incluye un amplio conjunto de mecanismos por los cuales los poseedores de las innovaciones pueden valorizarlas en un marco internacional.
Una categorización clásica permite diferenciar entre explotar, transferir o comprar tecnología de forma directa a través de licencias, contratos de asistencias, etc. y la que se hace de forma indirecta, incorporada en operaciones económicas, siendo las más destacadas el comercio internacional y las IDE.
El comercio es probablemente la fuente más importante para recoger los frutos de la innovación tecnológica. Lo que interesa destacar aquí son los cambios habidos en el contenido tecnológico de los intercambios en las últimas décadas y como la presencia de los bienes más intensivos en tecnología ha crecido de manera considerable. Según se aprecia en la figura Nº1, esto ha conducido a que el comercio de bienes de alta tecnología suponga ya el 25 por ciento del total.
Si a ello se añade que la parte del comercio de bienes de tecnología media-alta es del 40 por ciento, resulta que cerca de 2/3 del total del comercio corresponde a intercambios de productos con muy notable contenido de tecnología, quedando el otro tercio para la amplia gama de bienes de tecnología media-baja y baja. Especialmente imponente es el caso de cienos sectores como los diversos tipos de maquinaria, equipos de transporte y material de oficina y ordenadores que son esenciales en la modernización tecnológica de muchos países y empresas de menor nivel de desarrollo.