El FMI rebaja su previsión de crecimiento hasta el 1,6 por ciento para el presente año
Este escenario de ralentización tiene su reflejo en el deterioro sufrido por los indicadores de confianza
El mes de enero ha transcurrido con algunos sobresaltos desde el punto de vista económico: caída de las bolsas, datos económicos desfavorables y revisión de las perspectivas de crecimiento a la baja. Todo ello ha desembocado en un aumento de la incertidumbre, que contribuye a perfilar un panorama económico mundial poco alentador para los próximos meses.
Precisamente, uno de los países donde la palabra recesión comienza a cobrar cada vez más fuerza es Estados Unidos, donde tuvo su origen la crisis financiera internacional que comenzó en agosto. Los últimos datos ofrecen señales de que la desaceleración económica del país americano no ha hecho más que comenzar. En el cuarto trimestre de 2007, el PIB creció un 0,6 por ciento en tasa intertrimestral anualizada, inferior a lo esperado. En enero, el 15M de actividad en los servicios descendió hasta 41,9 (el mínimo desde octubre de 2001), tras situarse en 54,4 en diciembre. Este dato, al ser inferior a 50, indica que la mayoría de las empresas están moderando su actividad. Además, en enero la economía americana destruyó 17.000 empleos no agrícolas con respecto al mes anterior, lo que supone el primer descenso desde agosto de 2003.
Ante este escenario económico, las autoridades han respondido con cierta rapidez para intentar incentivar el consumo y la inversión, y con ello, evitar que la economía se debilite todavía más. Recientemente, el Gobierno de Estados Unidos anunció un plan de medidas por valor de 150.000 millones de euros con el fin de reactivar la economía. Además, la Reserva Federal, la Fed llevó a cabo sendos recortes de los tipos de interés en enero, de 0,75 y 0,50 puntos porcentuales, priorizando los riesgos para el crecimiento económico sobre los que afectan a la inflación. Es más, los analistas esperan que estas dos primeras bajadas de tipos no sean las únicas en 2008.
Mientras la Fed ha actuado fulminantemente ante la desaceleración económica. a este lado del Atlántico, el Banco Central Europeo (BCE) ha mantenido los tipos de interés estables en los últimos meses, si bien no llevó a cabo la subida de los tipos prevista para finales del verano, ante el comienzo de las turbulencias financieras. No debe olvidarse que el principal objetivo del BCE es el control de la inflación y, precisamente, en los últimos meses, ésta ha mostrado una espiral alcista, superando el 3 por ciento en la Eurozona, apoyada por los elevados precios del petróleo y de algunos alimentos básicos. De hecho, el BCE ya ha manifestado su preocupación en diversas ocasiones por la evolución del IPC y por los riesgos al alza que persisten, entre los que destaca la posibilidad de un incremento de los salarios más dinámico de lo esperado.
Ante la sucesión de indicadores económicos debilitados, los organismos internacionales están revisando a la baja sus previsiones para este año. El Fondo Monetario Internacional ha rebajado en ocho décimas el crecimiento económico mundial, hasta situarlo en el 4,1 por ciento, y prevé un crecimiento del 1,6 por ciento para la Eurozona y del 1,5 por ciento para EEUU, frente a las tasas más cercanas al 2 por ciento previstas anteriormente. También la Comisión Europea ha anunciado un próximo recorte en sus previsiones económicas para 2008, que serán publicadas este mes de febrero.
Las bolsas han reflejado de forma acusada el deterioro de las expectativas sobre la evolución económica. El agravamiento de la crisis financiera y su traslación al resto de la economía está afectando negativamente a los mercados bursátiles de las principales economías, que han registrado al inicio de 2008 el peor arranque bursátil en muchos años. Durante enero, las bolsas han registrado caídas importantes, algunas de ellas históricas, como la del pasado día 21, cuando el IBEX-35 disminuyó un 7,5 por ciento. A pesar de la recuperación de días posteriores, el mes de enero se ha cerrado con el peor balance de los últimos años, con un descenso del índice español cercano al 13 por ciento.
Mientras, los indicadores más recientes de la economía española no aportan noticias favorables. El Banco de España estima que el crecimiento del PIB del cuarto trimestre de 2007 fue del 3,5 por ciento, tras el 3,8 por ciento del trimestre anterior, por lo que se intensifica el perfil de desaceleración mostrado a lo largo del año pasado. La inflación acabó 2007 situada en el 4,2 por ciento y la primera estimación de la tasa interanual del IPC armonizado indica que ésta repuntó hasta el 4,4 por ciento. Además, el Indicador de Clima Económico relativo a España, que elabora la Comisión Europea, ha registrado una serie de descensos en los últimos meses, hasta situarse en enero de 2008 en el nivel más bajo desde febrero de 1994. Este indicador, que recoge las percepciones de consumidores y sectores económicos, manifiesta el menor optimismo del clima económico.
Precisamente, la evolución cada vez menos favorable del mercado laboral español es uno de los factores que está minando la confianza. Según la Encuesta de Población Activa, el empleo mostró una moderación de su ritmo de crecimiento, más intensa que las registradas en trimestres anteriores. Además, hay que destacar que todos los sectores mostraron un menor dinamismo en el último trimestre del año. Asimismo, resulta preocupante el fuerte incremento interanual (6,5 por ciento) del número de parados en el cuarto trimestre, teniendo que destacar el sector de la construcción, donde el aumento de los parados ha sido casi el 40 por ciento.
Los primeros datos para 2008 acerca del mercado de trabajo muestran un deterioro adicional. En enero, el paro registrado aumentó en 132.378 personas con respecto a diciembre, la mayor subida mensual en más de veinte años. Es más, este incremento se debe a todos los sectores, y no sólo a la construcción, destacando el aumento en más de 98.000 personas en el sector servicios. Este comportamiento resulta de gran importancia para la economía, dado que los servicios son el principal sector de la economía y el que se espera que sustituya a la construcción como motor económico. Contexto internacional
El pasado 18 de enero, se produjo una jornada de pánico en las bolsas mundiales que desembocó en importantes caídas de los principales índices bursátiles del mundo, con excepción del Dow Jones, por ser jornada festiva en Estados Unidos. Los desencadenantes de esta situación fueron el temor creciente a que la economía estadounidense pudiera entrar en recesión, tras valorar los mercados que las medidas propuestas por la Administración Bush eran insuficientes y tardías, y la incertidumbre que persiste en los mercados financieros, donde aún no se conoce adecuadamente el alcance de la crisis de las hipotecas "subprime" y sus consecuencias para las entidades de crédito y ahora también para las aseguradoras "monolines". Este tipo de aseguradoras hace referencia a las compañías que se habían especializado en asegurar bonos y que en los últimos años han ampliado su negocio hacia otros activos de mayor riesgo como deuda hipotecaria y obligaciones de deuda colateral (CDOs) y que en casos de impagos deben indemnizar a los compradores de los bonos.
Este convulso inicio de año ha llevado a que los principales organismos internacionales rebajen sus previsiones de crecimiento para la economía mundial en 2008. Así, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recortado el crecimiento estimado para Estados Unidos del 1,9 por ciento al 1,5 por ciento. Y para la Eurozona del 2,1 por ciento al 1,6 por ciento. La desaceleración de estas grandes economías también se dejará sentir en otros países en desarrollo a través de una menor demanda de sus productos, aunque se espera que éstos aún mantengan un fuerte dinamismo y que la economía mundial crezca en torno al 4,1 por ciento en el presente año.