Francisco Avendaño, director adjunto de Relaciones Laborales de CEOE
Desde 1980 y hasta el pasado 18 de junio, se habían promulgado con el calificativo de “Medidas Urgentes de Reforma del Mercado de Trabajo” 115 normas entre Leyes y Decretos, para que todo siga igual. [...]
[...]Ahora tenemos que añadir esta última reforma que ha modificado 5 Leyes, 4 Reales Decretos Legislativos y traspuesta una Directiva comunitaria.
Este tejer y destejer durante 30 años es coherente con los objetivos de Penélope. Sus pretendientes esperaban el producto acabado (una mortaja para Laertes) y no se interesaban por el proceso en sí mismo: Ilusos. No sabían que el proceso era todo y el producto nada.: Una tasa de paro estructural casi permanente en los últimos treinta y cinco años del 20% de la población activa, una tasa de temporalidad que promedia el 30% desde mediados de los años 80 y una media de 60 meses para conseguir un contrato indefinido, dan idea de la inestabilidad del “producto”.
Estamos, una vez más, ante una reforma superficial, que no se ha atrevido a abordar los temas “de fondo a fondo”. Existe un terrible temor a afrontar la realidad de nuestro mercado de trabajo. Es como si sintiéramos pánico de convertirnos en piedra al mirar a la Medusa de nuestra legislación laboral.
Esta nueva reforma laboral minusvalora la problemática que afronta. Ni desde el punto de vista de la superación del desempleo ni de la flexibilidad interna en la empresa, ni, aún menos, de la negociación colectiva, la gran olvidada de esta reforma, es factible esperar cambios significativos.
El derecho del trabajo en España está basado en la acumulación de regulaciones. Si durante la Dictadura de Primo de Rivera se produjo el cambio de tendencia a favor de la introducción de rigideces en el mercado de trabajo, y durante la II República se consolidó, va a ser durante el franquismo cuando adquieran su máximo desarrollo. Primero con las decisiones de Largo Caballero. Luego con las de Girón y Solís. Recordemos el enlace básico de la Ley de Contratos de Trabajo de 1931 con la de 1944. Luego vino aquello de “mientes, Marcelino, y tú lo sabes”, pronunciado por Nicolás Redondo durante un debate en televisión Y hasta hoy, donde se amenaza con reventar la ciudad.
Nuestro derecho del trabajo está pensando en que el cambio es una anomalía. Y este es el origen del mal. La gestión del cambio no se puede delegar exclusivamente a la negociación colectiva. Porque en su conformación actual es ingobernable.
La regulación del despido objetivo ha sido la gran oportunidad perdida de esta reforma. El gran problema sigue sin resolverse: que los 20 días sean 20 días, cuando la empresa está mal.
No es cierto que el Decreto Ley abarate el despido; la “subvención” del FOGASA, que se la pagan a sí mismas las propias empresas con sus cotizaciones, sólo será operativa desde julio de 2011, y sólo por 6 meses. El 1 de enero de 2012 desaparece; ¿subvencionará el FOGASA los despidos improcedentes o sólo los procedentes (15%)?; el despido de 20 días existe desde hace décadas. Ninguna novedad ni en la cuantía ni en la potestad judicial de otorgarlos o no, continuando erigiéndose los jueces para los despidos económicos en empresarios alternativos que desalojan al empresario, grande o pequeño, de su dirección; el contrato “fijo 33” existe desde 1997, cuando lo acordamos con los sindicatos al precio de hacer desaparecer el contrato temporal de fomento de empleo y el contrato temporal de lanzamiento de nueva actividad. Este es un ejemplo de que los empresarios pagan al contado el precio de las reformas mientras que las posibles ventajas siempre quedan en expectativas.
Otro ejemplo de las falsas expectativas que genera esta reforma es la pretendida posibilidad de inaplicar los convenios sectoriales porque, además de constituirse en milagro, se abren para casos muy concretos, cuando debería ser la norma.
Además, incorpora un proceso ilegítimo o adulterado de sindicalización de las pequeñas empresas –el 92,2% de las empresas españolas-.
Penélope tejía por el día y destejía por la noche, así durante tres años, hasta que fue traicionada por una de sus criadas. Se vio obligada entonces a elegir a uno de los pretendientes, pero ello coincide con el regreso de Odiseo. Entonces, Atenea alargó su noche, igual que hace con la de nuestro sistema laboral.
Francisco Avendaño, director adjunto de Relaciones Laborales de CEOE - Artículo publicado en Expansión el 16 de julio de 2010