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"El crecimiento no es únicamente rentabilidad. En algunos casos, puede ser una cuestión de supervivencia"
En esta sección, contamos con las firmas de expertos colaboradores del proyecto estratégico de CEN "Consolidación y crecimiento de empresas de tamaño medio", que ayudan a las empresas a implantar sus estrategias de crecimiento. Esta semana, José Antonio Concha, director de Crea Inversión, aporta claves para afrontar el crecimiento de la manera más eficiente.

Importancia del crecimiento en la pervivencia de la empresa (crecer o crecer)
 
José Antonio Concha, director de Crea Inversión
La primera cuestión que resolver es si crecer debe ser un objetivo de las empresas o si bien es una alternativa más entre las muchas que tienen. Desde nuestro punto de vista, en el 99% de los casos crecer debe ser el objetivo básico de las empresas y, más específicamente, un crecimiento estable y sostenible en el tiempo que garantice su competitividad y supervivencia.
 
Esta búsqueda de tamaño no es algo baladí, no es crecer por crecer, sino porque el tamaño aporta una serie de fortalezas que mejoran la competitividad de las empresas. El aumento de escala permite a la empresa acometer nuevos proyectos, incorporar nuevas capacidades, acceso a mejores tecnologías, capacidad de inversión en innovación y el acceso al talento, cuestión fundamental para poder desarrollar y mantener en el tiempo la posición competitiva de la empresa.
 
El crecimiento no es únicamente una cuestión de rentabilidad, sino que, en algunos casos, puede ser una cuestión de supervivencia de la empresa. Si en tu compañía no estás pensando en crecer, lo más probable es que en tu entorno algún competidor lo esté haciendo, lo que le permitirá acumular experiencia, avanzar en la curva de aprendizaje y ser más competitivo.
 
Hay casos en que esta decisión de crecer no es del todo voluntaria, sino que viene de alguna manera “forzada”, bien por exigencia de los clientes si queremos continuar trabajando con ellos, o por el crecimiento de la competencia, o por cambios en el mercado o tecnológicos (por ejemplo, mayores exigencias de inversiones). Este crecimiento puede darse tanto en volumen, como en gama de producto o en expansión geográfica. Si tu cliente está creciendo tienes que crecer con él, no se puede dejar la puerta abierta para que entre un competidor que tenga oportunidad de desplazarte.
 
Una vez de acuerdo en que la necesidad de crecer es clara, la siguiente cuestión que se debe contestar es cómo se debe llevar a cabo ese crecimiento: producto, diversificación, mercado, etc. La respuesta a estas cuestiones vendrá marcada por la Estrategia, que nos tiene que ayudar en la toma de decisiones sobre el uso de nuestros recursos finitos (la capacidad productiva, el dinero o el talento, etc.) de forma que sean lo más beneficiosos posibles.
 
Una empresa que quiera crecer debe plantearse el dónde y el cómo hacerlo. Tendrá que hacer un análisis de su mercado, competidores, clientes, un detallado conocimiento de su entorno competitivo, las reglas de juego en el momento actual y cómo se prevé que evolucionen en el tiempo.
 
La Estrategia tiene que ver con una mirada a largo plazo: ¿cómo van a cambiar las reglas de juego de mi sector en los próximos años?, ¿cómo puedo adaptarme?, ¿puedo ser yo el que cambie las reglas? Todas estas preguntas son fundamentales y las empresas deben tener tiempo para poder planteárselas y darles respuesta. Es necesario identificar qué valora el mercado. Saber lo que determina el valor nos lleva a ser capaces de analizar nuestra propia compañía: ¿cuáles van a ser mis fuentes de ventajas competitivas sostenibles en el tiempo?, ¿dónde y cómo puedo constituir posiciones de liderazgo en el mercado? Para conseguir estas ventajas competitivas puede ser necesario contar con capacidades de las que la empresa no disponga en ese preciso momento (tecnología, talento, tamaño, accesos a mercados, etc.) y que el tamaño le puede proporcionar.
 
Para crecer a través de las alternativas estratégicas mencionadas existen dos caminos: de forma orgánica e inorgánica. El primero es aquel que procede de la propia actividad y suele ser limitado, necesita un mayor tiempo de desarrollo para alcanzar cifras elevadas. Por el contrario, el crecimiento inorgánico viene derivado de la adquisición o fusión con otras compañías. Esta vía de crecimiento es más rápida y permite alcanzar un mayor tamaño en un menor tiempo, proporciona conocimiento rápido de mercados nuevos, captación de talento, innovación, etc.; aunque presenta algunos inconvenientes derivados de la integración de negocios, culturas, equipos…. 
 
Es necesario realizar una gestión eficiente del crecimiento. Hay ejemplos de crecimientos desordenados, con procesos de concentración muy agresivos, o crecimientos en mercados marginales y elevados apalancamientos financieros que, acompañados con caídas de actividad, han imposibilitado la devolución de la financiación. 
 
Por todo lo anterior, para una compañía crecer es no sólo deseable, sino también necesario para su supervivencia. Pero este crecimiento vendrá definido por la estrategia de la empresa, que determinará si debe ser orgánico, inorgánico o un mix de ambos (el más habitual); pero siempre evitando el crecimiento desordenado.  Este proceso es el que permitirá a la empresa encontrar su posición y su ventaja competitiva sostenible en el mercado.
 
José Antonio Concha es uno de los expertos colaboradores en el proyecto estratégico de CEN de Consolidación y Crecimiento de Empresas de Tamaño Medio
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